«Presentación» de QUIEBRE DISPLAY

«Presentación» es el primero de los veinte episodios que conforman el libro Quiebre Display (¡ya a la venta!), escrito y alucinado por Aldo Spazzino. Funciona como prefacio lo mismo que como crónica independiente. Y el título, en apariencia simple y sin demasiado misterio, encierra más de una acepción.
Pero por favor dirijan su atención al texto y degusten ustedes mismos:




PRESENTACIÓN 

Siendo un adolescente, sin saber exactamente por qué, escribí uno de mis primeros experimentos literarios sobre una dura butaca de la secundaria. En él narraba el andar de una mujer de entre once y veintinueve años que había visto pasar frente a La Fortaleza, un gran edificio en Nezahualcóyotl que daba vecindad a decenas de familias pobres. Era imposible adivinar la edad de aquel ser que caminaba sobre el asfalto gris arrastrando sus pies envueltos en unas chanclas destruidas. Llevaba un pantalón de pijama sucio, roto y gastado, igual que la parte que le cubría el torso: una especie de camiseta dura por las plastas de vómito o mugre que llevaba encima. Su cara apenas si podía sostenerse sobre el cuello, no se alcanzaba a ver si hacía pucheros o estaba drogada. Sus mechones de pelo le colgaban como cadenas mientras los iba babeando. Andaba sola en medio de la calle con su piel manchada de moretones, sangre y mugre. Sus ojos eran como la pantalla quebrada de un smartphone: plástico astilloso sin más brillo que la oscura luz que les llegaba reflejada del concreto. Mis amigos y yo la vimos pasar, pero nadie dijo o hizo nada para ayudarla o para saber qué mierda le había pasado. Ninguno expresó signos de burla o de lástima, nos limitamos a observar. Yo callé por la impresión y para no desencajar con la supuesta indiferencia del resto de la pandilla.  

Al día siguiente, durante la clase de educación cívica o alguna asignatura que enseñaba conocimientos que jamás se aplicaban a la sociedad mexicana, describí el andar de esa persona e imaginé los motivos por los que alguien podía sufrir esa violencia, o autodestrucción y luego andar por la calle, casi como si nada. Lo hice en un impulso, sin afán de crear un texto literario. Tampoco lo hice con intención de burlarme o hacer humor negro, aunque era bien dado a eso desde entonces, y menos aún para hacer una propuesta sociológica o como crítica social.  

Mostré el texto a varios compañeros, algunas morritas reaccionaron con asco, molestas por haber exhibido esa realidad sin proponer algo positivo para ayudar a esa gente. A otros les gustó la forma en que describía la escena, pero me reprochaban el que no llegara a nada, que no tuviera un final dramático o que la chica se salvara de alguna manera, alguno me reclamó por no haberla asesinado en mi modesto texto escrito en una libreta de cuadro chico. No lo sabía entonces, y tampoco podría explicar por qué, pero aquello influiría en mi forma de escribir en el futuro. 
 

Desde entonces lo que he hecho no es más que retratar, exhibir, proyectar personajes y situaciones sin otro afán que el de preguntarme qué hay detrás de todo aquello que ocurre ante mis ojos. Creo que nunca he llegado a ninguna respuesta profunda, como tampoco creo haber escrito algo que mejore la sociedad de la que se supone soy parte. Por el contrario, vaya si he plantado dudas en amigos, enemigos y desconocidos, intentando entretener al lector con triquiñuelas literarias, imágenes morbosas, chistes crueles que enfatizan la carencia de las verdades profundas que hacen falta en el mundo, provocando risas nerviosas a los mismos que me inspiran a escribir lo que escribo, convenciéndolos a veces de necios dogmas cuya argumentación proviene de mis fosas nasales.  

Y aunque pueda parecer que lo que hago carezca de sentido, lo sigo haciendo: transmito algún fenómeno en la pantalla que es la cuartilla, intento explicarlo de manera superficial, dando a veces mi opinión siempre equivocada. Presentador de televisión que adereza lo expuesto con humor o amargura, como empezaba a hacerlo en aquellos salones de clase en que acertados profesores me acusaban de apático por escribir mis cosas mientras ignoraba sus invaluables comentarios.  

Pronto llegaría el artificio, la ficción, la estrategia, el juego. Y con ello, el contacto con realidades alternativas a las que hoy intento dar forma, recibiendo de algún lugar del universo la necedad requerida para soportar este vicio, apenas digerible, que es escribir para los pocos lectores que quedan sobre la tierra. 
 

*** 

 
Con el tiempo, mis lecturas y mis textos se fueron acumulando. Tuvieron que pasar algunos años para encontrarme con Elprimodelfamosoescritor, quien me hizo ver algunas cosas sobre la escritura, además de profetizar la madriza que el mundo estaba por propinarme.  
 

A mis diecinueve años, palurdo adolescente tardío, acudí por primera vez a la presentación de un libro (que bien podría simplemente llamarse “firma de autógrafos”). Pero siendo un punk pijo de Neza, mantenido por mis padres y con una colección de discos por la que me acusaban de burgués, estaba más acostumbrado a presentarme en tocadas de hardcore en las que nadie me quería hablar por cómo iba vestido: ropa de marca que heredaba de mi hermano estudiante de economía, y no trapos con diseños “do it yourself”. Me limitaba a quedarme allí, viendo a los grupos tocar, con mi chamarra Levi’s, ignorado por todo el mundo excepto cuando cobraban la entrada. También conocía las tardeadas de “rock urbano”, en las que algunos me sonreían y, babeando, me decían cosas incomprensibles bajo el influjo del PVC y la marihuana. Si no encajaba en esos eventos, seguro tampoco lo haría durante mi primera tertulia de “alta cultura”. 

La presentación.  

Hoy tengo el asco, la dicha y la indiferencia de haber participado en algunas presentaciones de libros, e incluso de haber firmado libros de mi autoría. Pero en aquel tiempo, los textos de cierto autor por entonces vivo y activo (en aquellos días yo leía a puros escritores muertos) me habían despertado una malsana curiosidad y en serio quería escucharlo hablar de su obra.   

Se trataba de un autor proveniente de la contracultura de los años 80 y 90, expulsado del pozo del underground hacia la fama literaria (que no es casi nada en comparación con la fama fama), y que era conocido por el humor cruel y frívolo que gastaba en sus libros. Él tampoco pretendía ofrecer soluciones a problemas sociales o espirituales, creo que por eso me sentí identificado.    

Al llegar a la presentación me sentí mucho más cómodo en ese ambiente que en el de los fanzines sobre igualdad y derechos humanos que publicaban los punks que me repudiaban por no ser un punk auténtico.  

Tampoco había ido nunca a la cantina donde se celebraba la presentación en la que, luego me enteré, regularmente se hacían eventos de este tipo y se reunía la fauna cultural de la ciudad e incluso de otras ciudades. Mi bagaje literario venía más de libros que conseguía en tianguis y tiraderos, que de las mesas de novedades en librerías de cadenas de lujo.  
No recuerdo cómo fue que me enteré de que aquello iba a ocurrir, supongo por internet, (otra de las herramientas que favorecía al Sistema, según los punks fanzineros, o que corrompían el Sistema, según padres de familia y profesores. Todos ellos rastreables hoy en redes sociales) 

Para cuando se dio la “presentación” (este terminajo me suena siempre como a bautizo, primera comunión, quince años), el escritor ya había sido publicado en España, traducido a varios idiomas y tenía varias columnas en periódicos y revistas de varios países. El viejo autor subterráneo ya no se presentaba en universidades sin presupuesto donde reinaba el desorden y no había dinero para comprar libros, sino en un recinto destinado a la difusión de la cultura con meseros aseados que te llevaban tragos a tu mesa a cambio de un billete.  

Y allí estaba yo, sin saber cómo comportarme, qué decir o hacer. Iba con mi amiga Amalia, quien, al cruzar unas palabras con el famoso escritor, me acusaría: “Últimamente este tipo habla mucho de ti, creo que tienes un verdadero seguidor”, dijo ella. El famoso escritor respondió, sombrío: “Cuando me suicide y él siga mis pasos, no me echen a mí la culpa”.  

Pero lo que nos importa no es el escritor, sino del hombre extraño que afirmó ser Elprimodelfamosoescritor. Un tipo que además era un profeta, como ya escribí antes. Sin proponérselo, me daría una de las lecciones más importantes como escritor, y tiraría por el caño varias ideas preconcebidas sobre el medio literario que yo mantenía.  

Amalia y yo ocupábamos una mesa del lugar que estaba hasta atrás, cerca de la salida. El resto de las mesas y sillas estaban ya ocupadas por fans, grupis, familiares y amigos del escritor. Todavía no comenzaba el coloquio cuando se acercó el hombre rechoncho, de gran bigote castaño y ojos claros, vestido con jeans y chamarra café de piel. Encima llevaba un sombrero gris. Nos pidió permiso de sentarnos a la mesa que ocupábamos.  

Se presentó. No recuerdo su nombre, pero afirmó (sin dar importancia al comentario) ser pariente del escritor que hoy hablaría de su nuevo libro. 

Fue él quien inició la plática. O, mejor dicho, el interrogatorio.  

Adivinando enseguida mi confusión y mi inmadurez comenzó: “¿A qué te dedicas?”. “¿Dónde estudias?”. “¿Por qué vienes a ver a este remedo de escritor habiendo otros que sí merecen la pena?”.  

-Estudio Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. -contesté sin abreviar “Gua-Ce-Eme», porque creí que nadie, salvo los alumnos y docentes de la institución, estábamos enterados de su existencia. No era así 

-¡Ja! -se burló el tipo que ya sumaba más de sesenta años. -¿Esas escuelitas que se pretenden autónomas, pero tienen policías custodiando la entrada?    

Por supuesto que me había percatado de la presencia policial del plantel donde estudiaba más que nada por presión social, pero nadie me lo había puesto en ese tenor. Nunca antes había pisado otra universidad más que la Bancaria, donde estudiaba mi hermano: estaba rodeada de torniquetes y guaruras privados, pero no policías reales. Era verdad, la autonomía que tanto defenderían en el futuro mis compañeros y profesores estaba custodiada por uniformados que vivían de los impuestos del ciudadano corriente para no hacer nada más que pedirle a quienes ingresaban escribieran su nombre en un cuaderno. No tenían permitido intervenir en huelgas, riñas, peleas, precisamente por la autonomía. Pero estaban ahí. 

-¿Quiénes son tus maestros? ¿En qué editoriales publican? -Me preguntó con curiosidad, encajando el filo de sus ojos amarillos en mis pupilas.  

Llevaba apenas unos meses asistiendo a clases. Iba en el tronco común. No tenía idea de la trayectoria de los académicos, salvo por algún guionista famoso por escribir para una serie de HBO y alguna novelista que vivía de sus reediciones y traducciones. Le dije la primera editorial que me vino a la mente porque todo mundillo cultural afirmaba por lo menos conocer a alguien que había publicado allí. 

-”Tierra adentro”. -Dije con timidez. 

Acercándose a mi rostro como escondiendo un secreto, pero con la seguridad de un cirujano que afirma que tu enfermo no ha sobrevivido al bisturí, afirmó: 

-En esa editorial escribe puro mediocre. 
 

La cosa se animaba y de repente pasó a nuestro lado la esposa del famoso escritor. Sólo en ese momento noté cierta debilidad en aquel hombre robusto y rojo y amarillo.  

-Mírala, ahí va su mujer. ¿No es una muñequita? Está demasiado guapa para un tipo como él. Que es feo de verdad. -dijo con su voz de quien ha fumado durante años mientras admiraba la figura de la mujer. 

Me divertía su manera de hablar, aunque yo respondía poco y nervioso. Me inspiraba confianza a pesar de que su misión ahí era cagarse en el mundo entero. (Ya a media “ponencia”, en la que el famoso escritor y sus invitados dijeron que no admitirían preguntas ni comentarios del público, Elprimodelfamosoescritor les arrebataría el micrófono para perorar una larga cátedra que no entendí porque el sonido del lugar era pésimo).  

-También escribes. – ¿preguntó?, ¿adivinó?, ¿afirmó?  

-Sí pero todavía no he public… 

-¿Te das en la madre cuando escribes? -Interrumpió. 

Me quedé un momento callado, la mayoría de la gente preguntaba sobre qué temas escribía, o en dónde publicaba. ¿Qué tipo de pregunta era esa? No esperaba que me preguntara por mis calificaciones en la universidad, pero ¿Darme en la madre? ¿A qué puñetas se refería? 

Lo entendería y experimentaría muy poco tiempo después, cuando empecé a escribir “Cadáver”, novela de intriga que trata de un tipo que tiene que deshacerse de un cuerpo mientras enloquece. Para escribirla me había inspirado en la historia una niña de tres años a la que castigaban colgándola de los brazos, o azotando su cabeza contra la pared. Alguien tenía que asesinar a sus padres, aunque solo fuera en ficción, y ese fui yo.  

No supe qué responderle al profeta. Balbuceé.  

-Olvídate de estudiar, olvídate de publicar. Para esto lo que tienes que hacer es darte en la madre escribiendo. Sólo partiéndote la madre tus textos van a llegar a valer algo.  

Y luego pontificó: 

-Y si vas a escribir en contra de todo y de todos, como el mamón este, – (el famoso escritor)-, prepárate, porque la sociedad te lo va a cobrar en algún momento. Tarde o temprano la sociedad va a vengarse de lo que tú les escupas.  

Pocos minutos después de la charla, Elprimodelfamosoescritor se disculpó respetuoso y se levantó de la mesa. De algún modo consiguió un asiento a dos filas de los escritores que comentaban el libro.  

Yo estaba ahí para conseguir una firma del autor y había conseguido una plática con tal sabiduría que pocas veces he vuelto a encontrar. Durante mis peores delirios pienso que no era un ser humano, sino uno de esos entes que se aparecen algunas veces en tu realidad para entregar algún mensaje que está destinado a llegar a ti.  

En mi caso, no es que escribiera “en contra de todo”, ni era subterráneo por decisión propia. Era un inadaptado que provenía de una familia de clase media del Estado de México, entidad en la que ya ocupaba una butaca en un bachillerato privado (de lo que también se burló el profeta: “¿Una prepa privada en Neza? -carcajeó. -Es como ofrecer queso Camembert en un puesto de tacos sudados”).  

En efecto, era yo un hijo resentido de Nezahualcóyotl, que fue como me acabé sintiendo después de charlar con Elprimodelfamosoescritor. Detestaba mi época y a mis contemporáneos, y no tenía pudor al describir con detalles morbosos cuánto me asqueaba todo. Nunca me propuse ser “marginal” en el ámbito literario, yo ya estaba al margen de todo en todos los ámbitos desde que no les gustaba a las niñas en la escuela, o, mejor dicho, les daba miedo. Para mis compañeros era el raro; para mis profesores, el apático sin futuro; entre mi familia, el que se la pasaba encerrado y no convivía; entre los vecinos, el sangrón que no decía una palabra. Además, mi familia no conocía escritores o editores que me lanzaran un hueso que roer. Yo no estaba en contra de todo, sino que todo estaba en contra de mí.  

No es que yo no deseara ser un escritor exitoso con libros llevados al cine. Al contrario, también soñaba con ser publicado en otros países. Sueño bastante estúpido que, después de aquella breve charla, fue perdiendo preponderancia. 

***  

En 2024, cuando surgió la idea de recopilar los mejores textos que se publicaron en el blog aldospazzino.wordpress.com, además de revistas y periódicos, comencé releyendo y reescribiendo los que me parecían mejores, los que habían causado cierto escándalo o que hablaban de situaciones imposibles de pasar por alto como el terremoto de 2017 o la pandemia. El plan fue reunirlos para que formaran un libro que, aún no sabía, se iba a llamar QUIEBRE DISPLAY. Desde el inicio fue pensado como e-book y el título fue un tanto auto paródico. 
El proyecto se estancó principalmente por dos razones, mi obsesión de rehacer una y otra vez los textos, por no hablar del orden en que iban a ir acomodados; y la segunda razón fue la huida del primer prologuista, un escritor que prefirió romper con nuestra amistad por miedo a mi vida y a lo que me sucedió cuando el libro ya estaba casi listo.  
(La profecía de Elprimodelfamosoescritor).  
 

No seré yo quien juzgue el valor de los textos siguientes, como no explicaré de qué forma me di o no en la madre escribiéndolos, lo que supongo se develará por sí solo en el desarrollo de la lectura. Pero sí contaré veladamente, sin lamentarme, cómo fue el primer cheque que la sociedad me cobró a manos de un par de carroñeros de internet. La amargura, el fracaso, el ocaso del poco éxito de ciertas producciones y las falsas amistades se descubrieron a mediados de 2024 gracias a ellos. 

Primero, mi novia de entonces, harta de mi mal humor y malas relaciones con su familia, abandonó nuestro noviazgo de 3 o 4 años (no me acuerdo) después de una discusión absurda y de espiarme con dispositivos tecnológicos tan discretos que jamás imaginé que existieran. Después, uno o varios ingenieros en sistemas atacaron mis redes, mis cuentas, mi teléfono, mi blog, imposibilitándome tomar el control de mi computadora, herramienta primordial para un escritor contemporáneo (ahora todo lo escribo primero a mano). Mis escasos conocimientos en redes y cibernética descubrieron al hijo de puta que manipulaba mis redes sociales, mis textos publicados en internet y mis fotos, por lo que llegamos a los puños, perdiendo con ello el lugar en el que yo vivía y terminando de deshacer una vida tan cómoda como irresponsable. Luego fueron mis amigos, con quienes me comunicaba principalmente vía internet, en especial con el prologuista original de este libro: me notaban desconfiado y paranoico. Al insistirles en encontrarnos en persona empecé a causarles miedo. Se alejaron de mí.  

Es curioso cómo de todos ellos, (mis amigos, el autor del prólogo eliminado, conocidos, familiares, mi ex) han aparecido alguna vez entre mis textos. 
 

Terminé pagando mis pecados enclaustrado en una pequeña celda como una Santa Teresa, también delirante, enferma y febril, obteniendo de ello las visiones de planos o dimensiones que los sentidos comunes no pueden percibir para luego escribirlas.  

El mundo estaba por entero en mi contra, tanto que hasta los más cercanos dudaban de mí. Me fue cobrado el escribir sobre todos ellos con impuestos demasiado altos. 
Pude notar cómo “la sociedad”, y con esto quiero decir la misma gente de quien tomé prestadas sus desgracias para crear textos que me hicieron ganar dinero, espacios o reconocimiento, así como quienes repudian mi forma de pensar (de escribir), se alegraron de mi caída. 

¿Es tan denigrante reconocerse en un texto parido por mí? De ser así, deberían tomar en cuenta que yo soy el primero en exhibirme, en flagelarme, en criticarme. Pues, cómo ocultarlo, comparto recuerdos, fotografías, fotos de graduación con la misma gente que utilizo como materia prima para escribir.  No soy más afortunado, ni menos infeliz que ustedes. Soy un Usuario más y uso Contraseñas, como todos ustedes. Un esclavo, pues.


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