Se siente un morbo enfermizo estar escribiendo mientras tienes como público a tus enemigos no declarados, no reconocidos. Encriptados en las ruinas de la red. Es todo lo contrario a un escritor famoso que se enfrenta a su público tras una mesita, algo más común y vulgar. Esto sucede así porque sufro dos cosas que he podido erradicar: hackers y esquizofrenia. Con hackers me refiero a gentuza que por medio de software comprado en tepito pueden acceder a ciertas funciones de celulares y computadoras a través de las señales de internet aguadas, no a programadores que se inventan programas nuevos. Y la esquizofrenia, bueno, es el estigma social con el que tengo que cargar por ser tan jodidamente observador. Por descubrir a los idiotas, incluso saber dónde se encuentran y cuántos son. Reptiles parados de lenguas bífidas aficionados al chisme, ya sea para sacar proveecho o por puro entretenimiento. Algunos de ellos, gente con la que incluso me he llevado bien, se delata con la mirada. Pero la psiquiatría, de por sí incompetente para tratar los supuestos trastornos mentales de siempre, cómo podría tratar a quienes se hacen amantes de I.A.’s que los ayudan a enterarse de lo que hace el vecino o cualquier tiktokero aburrido como una sopa de lentejas que se encuentran los fines de semana en el tianguis o el centro comercial.
Por supuesto, existen razones justificadas para tomar la esquizofrenia como un factor que incrementa los sentidos. ¿Cómo distinguir un susurro de los árboles de un sonido grabado? ¿Un espejo con una cámara? ¿Un enchufe con una minigrabadora de sonido? Usar una aplicación inocente pero acabar siendo el espectáculo de una bola de perdedores como en el que tienen puesta la mirada. Competencia de mediocridades. Puedo decir que la paranoia y la psicosis me han hecho descubrir cosas que, al terminar el brote, siguen siendo reales.
Debo confesar que hasta el año pasado, todavía creía que los asuntos de espionaje eran como en la época del caso Waterwate. Sí, igual de retrasado que mis enemigos estoy. Pero yo nunca he presumido de usar tecnología de vanguardia (para mí internet murió aproximadamente en 2003). Hoy, que tu vecino puede conectarse desde su casa a tu celular para escuchar tus conversaciones, sin ostentosos micrófonos o cámaras (como en las películas de espías de los 60), es fácil sentirse poderosos. Dales el poder, dicen, y verás lo poca cosa que son. No saben que estas tecnologías se las han facilitado hasta hoy para practicar con ellos otras de verdad vanguardistas. Sí, funciona igual que los caramelos de la tienda. Primero sacan un nuevo sabor, textura, químico con el que experimentan en niños, y luego de que varios se han muerto, o enfermado de diabetes, deciden cómo manejar la mercadotecnia de tal o cual producto (esto lo leí en la novela del odioso Beigbeder).
Divagando en todo esto me doy la razón respecto al post anterior. Soy un inadaptado de la sociedad virtual, y en todos los sentidos, incluso hoy que la gente está emparejada cada segundo a través de sus celulares hediondos a mierda. Lo he reconocido.
Supongo que más divertido es para el ciudadano común espiar los celulares, escuchar o leer conversaciones de sus vecinos, enterarse de sus filias o sus infidelidades que ver la televisión. Aunque supongo que habrá quien haga ambas cosas, su flaco espíritu debe estar rebosante de larvas energéticas.
Pronto les venderán motocicletas con tetas que platiquen con ellos. Motos con inteligencia artificial con las que los jóvenes se podrán casar, o al menos tener una relación afectiva. Motos con tetas, motos con vaginas y penes en las que se montarán para hacer sus labores, como predicar la Biblia o repartir sushi. La vida social estará solucionada.
Una venganza contra este tipo de gusanos sólo se puede realizar utilizando los propios trucos con los que sus amos los engañan a ellos. Cheap tricks. La paloma en el sombrero. Reventarles sus dispositivos electrónicos sería demasiado vulgar y enfrentarlos no serviría de nada porque no se atrven a dirigirte ni la mirada. Por otro lado, el método esotérico es demasiado elevado para sus bajezas aunque las inteligencias artificiales hagan las veces de egrégores o, peor, de simples homúnculos que contestan tus llamadas.
Debe haber un punto medio sin tener que llegar a quedar en ridículo como Batman en The Dark Knight Rises, ni utilizar ostentosas técnicas de brujería Pop como Kenneth Anger contra sus enemigos.
Ahora debería estar escribiendo sobre cosas importantes como la muerte del Papa y los tesoros del Vaticano, o el cumpleaños de John Waters, pero las circunstancias, gracias a los dioses, me lo impiden y surgen este tipo de pensamientos.
Así mi día inútil el día de hoy.
21/04/025
